miércoles, 28 de febrero de 2007




Julio 29 2006
Libro:POST MORTEM
Autor: Albert Caraco
Albert Caraco, el hombre que quería odiar a su madre
Dos libros permiten, por primera vez en España, conocer el universo literario de un escritor nómada y suicida. Si Post Mortem es un desgarrador relato de odio y amor dirigido a su propia madre, Breviario del caos contiene su visión pesimista de la vida.
FRANCISCO CASAVELLA
BABELIA - 29-07-2006
La biografía de Albert Caraco (Estambul, 1919-París, 1971) comparte avatares con la del resto de judíos europeos del siglo XX. La aplicación masiva de una fórmula criminal da paso al exilio, la inseguridad, la reafirmación de un carácter por grado o por fuerza y, de no integrar el nuevo Estado de Israel, residencia definitiva en una de las grandes capitales, París, en este caso. El autor de Post Mortem abunda, como muchos intelectuales de su generación, en la distancia ante cualquier realidad, incluida la realidad misma de vivir, y también en un fatalismo irremediable, superlativo. A una valoración general de su obra, ayuda el hecho de que comunicase a un editor la intención de quitarse la vida en cuanto muriesen "la Señora Madre y el Señor Padre" y cumpliera su palabra el día siguiente de fallecer este último. Tal circunstancia añade una aureola al personaje "Albert Caraco". Y eso no debería suceder, porque este libro posee en sí mismo un relieve excepcional que Justo Navarro ha trasladado de modo magnífico a nuestra lengua.
Post Mortem, reeditada en Francia como La Señora Madre ha muerto, ahonda precisamente en eso: los efectos que la muerte de la madre causa en el yo más íntimo del autor. Si entendemos el adjetivo íntimo por lo que puede llegar a expresar y no por la cursilería egomaniaca que generalmente señala, en las mínimas, pero suficientes, páginas del libro encontramos un sutil recorrido por el espectro literario del autor, por su colorido filosófico: una precisa y exacta gama que, de la mano del estoicismo y los libros sapienciales del Antiguo Testamento, nos lleva por la muerte, la ausencia y la asunción de una gracia muy peculiar, muy calma, terriblemente desesperada.
La Señora Madre tiene un cáncer de laringe, la Señora Madre muere, se recuerda a la Señora Madre, se evita un duelo vulgar por la Señora Madre, se intenta proyectar en el tiempo la esencia de un ser humano, a quien un cuerpo inerme representa de mala manera en sus últimos días. Se alcanza la propuesta en fragmentos tan elocuentes, hondos y excepcionales como éste: "(Al Señor Padre) lo lastima el menor de los recuerdos, los meses finales le ocultan los años, la máscara de la muerte ofusca las luces de una vida cien veces más larga, entre dos irrealidades elige la peor y toma la desgracia por la verdad suprema. ¿Me atreveré a decirle que se engaña? ¿Qué prueban las semanas oscuras? Sólo dan prueba de sí mismas y no testimonian ni contra lo que antecedió ni contra el sueño que las seguirá eternamente".
Post Mortem no es un lamento dando vueltas en torno a sí mismo: hay evolución, una trama. En el arranque, Caraco semeja un representante más de lo funesto sublime, o se halla contagiado, por decirlo a lo Borges, de malhumor epigramático; se expresa la falta de amor por la madre, las consecuencias que en el autor, un cuarentón, ha tenido su influencia, su omnipresencia, la "castración" a la que ha sido sometido. El resto del libro se dedica a contradecir esas primeras aseveraciones, dando un paso más allá de la crueldad o el resentimiento. Así, mientras se dedican fragmentos a los médicos, a la construcción del Tiempo o a la belleza de París en armonía con la belleza de la Señora Madre, el autor nos muestra lúcida y voluntariamente la evidencia de su inmadurez radical, mientras la posible trama vira hacia una presencia de ánimo muy peculiar. En ese trayecto, las fases son parte de la misma simulación y el autor lo sabe. Esa simulación, sólo se vuelve revelación y verdad en la última página, autor y Señora Madre más allá de la vida y de la muerte.En Caraco no hay Dios, ni dioses, sólo un valor, la nobleza de espíritu. La exigencia de esa nobleza de espíritu con la que Caraco se esfuerza por mirar el mundo, el lugar donde ha de encontrar razones para vivir, le lleva a un recogimiento innegociable, irreversible. Así vemos cómo ese valor se convierte en un dios mucho más cruel y justiciero que cualquier otro. ¿De qué modo nombrar esa voluntad de sentirse aislado, herido y tan sólo sereno en esa actitud? ¿Error vital? ¿Anhedonia? ¿Existencialismo radical? ¿Espiritualidad combustible? Da lo mismo. Post Mortem es un libro muy hermoso.
Suplemento Babelia, El país

Julio 29 2006
Libro: Breviario del CAOS
Autor: aLBERT cARACO
La vida es una escuela de muerte JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS BABELIA - 29-07-2006
EL MAPA de la vida de Albert Caraco tuvo estas estaciones: Estambul, Viena, Praga, Berlín, París, Tegucigalpa, Buenos Aires, Montevideo y, de nuevo, París. A la capital francesa regresó en 1946, en sus palabras, el año de su verdadero nacimiento: "Durante mi infancia y adolescencia yo no era yo, soñaba y no vivía". Tenía 27 años y había publicado varias series de cuentos de tema histórico ilustrados por él mismo a lo Egon Schiele. La vuelta a Europa le abrió los ojos -"hasta entonces había estado ciego"- a una lucidez extrema y dolorosa que hizo de él una mezcla de iluminado y de materialista. De esa lucidez está cargado Post Mortem(Sexto Piso, 2006), publicado en 1968. "Bataille me parecía pobre al lado de este volcán", dijo el editor que lo descubrió antes de que Roberto Calasso lo pusiera de nuevo en circulación en Europa. Para unos es un ensayista en la estela de Karl Kraus, Schopenhauer, Wittgenstein o Canetti. Otros añaden a Céline, Pessoa y Cioran. Con la obra del rumano se ha relacionado sobre todo Breviario del caos, un libro póstumo -se publicó en Suiza en 1982- salido de la mente quirúrgica de un hombre póstumo. El caos de este breviario pesimista hasta el extremo es el que siguió a las dos guerras mundiales para inaugurar una era -"una Edad Media"- sin fundamentos, sin coherencia, mesura ni objetividad. "Nuestras revoluciones son puramente verbales y cambiamos las palabras para tener la ilusión de que cambiamos las cosas", escribe Caraco. Y también: "Los hombres están más libres de lo que desean, más atados de lo que notan (...) Antes elegimos inmolarnos que repensar el mundo, y no lo repensaremos más que en medio de las ruinas". Cuando la fe en el progreso se desvanece sólo queda una salida: la muerte. Caraco hablaba -y en eso se diferencia de Cioran- completamente en serio.
Breviario del caos. Albert Caraco. Traducción de Rodrigo Santos Rivera. Sexto Piso. Madrid, 2006. 128 páginas. 14 euros.
Suplemento Babelia, El país

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