sábado, 24 de febrero de 2007

La pereza habla de sus derechos

Seamos perezosos en todo, excepto en amar y en beber, excepto en ser perezosos.
Cristo en su sermón de la montaña predicó la pereza.
Qué degenerados están los proletarios modernos para aceptar con paciencia las espantosas miserias del trabajo fabril.
Es necesario que vuelva a sus instintos naturales, que proclame los derechos a la pereza, mil y mil veces más nobles y más sagrados que los tísicos derechos del hombre.
Dejará el agua para las bestias.
Será necesario prohibir el trabajo.
¡Oh pereza, madre de las artes y de las nobles virtudes, sé tú el bálsamo de las angustias humanas!
No podría afirmar que los griegos hayan recibido de los egipcios el desprecio al trabajo pues ese mismo desprecio se encuentra entre los escitas, los tracios, los persas y los árabes –según Herodoto.

No hay comentarios: