miércoles, 14 de marzo de 2007

Sartre sobre Baudelaire

El uso de la Nada en el libro de Sartre sobre Baudelaire


Baudelaire, Gallimard, Paris, 1947, traducción de Aurora Bernárdez. Losada, Buenos Aires, 1949. Prólogo Michel Leiris.

“Ha recibido la existencia para nada.” Pág. 13.

“Sabe que no puede sujetarse a nada.” Pág. 27.

“Sabe que los resortes y las palancas no valen para nada en su caso: no es ni causa ni efecto; contra lo que será mañana, nada puede hoy.” Pág. 27.

“Pero la creación es pura libertad; antes de ella no hay nada, empieza por producir sus propios principios, inventa, lo primero de todo, su fin...” Pág. 29.

“Ya no es nada: hace.” Pág.34.

“La gran libertad creadora de valores emerge de la nada...”. Pág. 34.

“Pero detrás de ellos no hay nada...el niño emerge de pronto de la soledad y de la nada.” Pág.36.

“De este modo, se produce algo que no existía antes, que nada puede borrar...” Pág. 48.

“Contribuye, por lo tanto, mediante un rodeo, a glorificar la regla. Mejor aún, proclama que no es nada.” Pág. 48.

“Como nada iguala en intensidad y en hondura los sentimientos religiosos...” Pág. 49.

“...nada hace sentir tanto la libertad y la soledad.” Pág. 52.

“Nada es simple en él...” Pág. 53.

“Baudelaire no cree del todo en nada de lo que piensa, en nada de lo que siente...” Pág. 54.

“Será preciso, pues, concebir todos los rasgos que componen su imagen como afectados por una nada sutil y secreta...” Pág. 54.

“...que no hará nada en su vida.” Pág. 60.

“...el sufrimiento para Baudelaire...(es) un estado permanente, que nada es susceptible de aumentar o disminuir.” Pág. 62.

“Nada revela mejor que Baudelaire escogió sufrir.” Pág. 62.

“...porque nada de esta tierra podrá satisfacer sus deseos.” Pág. 63.

“Es dolor porque nada le calma, nada le satisface.” Pág. 64.

“Todo lo que es debía ser, nada podía ser sino lo que es...” Pág. 65.

“Pero las realidades naturales no tienen para él significación alguna. No quieren decir nada.” Pág. 68.

“’Nada me gusta tanto como estar solo.’” Pág. 71 (Carta del 5-III-1866).

“’¿Nada en los antiguos?’” Pág. 74 (Palabras trasmitidas por Léon Cladel y citadas por E. Crépet en su Baudelaire).

“Y Baudelaire goza, en primer lugar, con esa nada secreta porque no le compromete de ninguna forma... Y como el objeto deseado no le toma en cuenta, esa turbación que Baudelaire finge, no le obliga a nada y puede permanecer solo, encerrado en su avaricia onanista.” Pág. 83.

“...el asco a esa carne muerta lo penetrará de una nada profunda...” Pág. 87.

“Baudelaire no rompe absolutamente nada: su trabajo creador consiste tan sólo en modificar y ordenar.” Pág. 103.

“...no desperdicia nada para transformar a sus propios ojos su vida en destino.” Pág. 105.

“...nada nuevo en esas notas redactadas hacia el fin de su vida, nada que no hubiera dicho cien veces, y mejor.” Pág. 107.

“Baudelaire, que no quiere emprender nada, vuelve la espalda al porvenir.” Pág. 108.

“Su lucidez reflexiva le revela que existe a corto plazo, como una sucesión de pálidos deseos, de afectos estremecidos por la nada, que se conoce de memoria y no obstante le es necesario vivir gota a gota.” Pág. 111.

“...permanece en suspenso entre la nada y el ser por una discreción llevada al extremo”. Pág. 113.

“...pero el suicidio, en él, no es una aspiración hacia la nada absoluta...” Pág. 124.

“Rechazó la experiencia, nada que pudiera cambiarlo le llegó desde el exterior y nada aprendió...” Pág.126 (la última de la edición en español).


Hacer un pequeño inventario del uso hecho por Sartre del vocablo “nada” en su obra sobre Baudelaire parecería prima facie un devaneo caprichoso, pero tratándose de un autor como Sartre, cuyo título más importante es El ser y la nada, de ningún modo puede ser considerado trabajo superfluo, traído de los pelos o arbitrario, sobre todo en el caso de él en quien lo inconsciente casi no existe. Claro, el mero placer de paladear las frases ya es un aliciente suficientemente plausible para llevarlo a cabo. Pero saltar del pronombre indefinido, y a veces aun del adverbio de negación al sustantivo masculino (en francés), del rien a la néant, nos dará una visión panorámica de cuán importante es en el Sartre literato y ensayista, a quien trataremos aquí, más allá de sus escritos filosóficos, esa palabra que por común y corriente nunca había invadido con tanta competencia los estratos filosóficos y literarios hasta entonces. Bueno, Sartre la toma de Hegel y de Heidegger; de eso hay constancia plena. No menciona a Schopenhauer ni a Stirner, aunque no hay que descartar que haya frecuentado a alguno de estos, en especial al último, de veta hegeliana, fuente común de ambos filósofos (Ya Löwith situaba a Stirner al lado de Kierkegaard, en un contexto manifiestamente existencial. Y también Buber arrastraría a Kierkegaaard y Stirner. Llegó después Juliette Grecó, y en la Europa desolada de 1945 se hablaba en voz baja del existencialismo, señalando al nuevo mandarín Jean-Paul Sartre. Pero en la búsqueda de antepasados, Herbert Read no tardó en recordar a Max Stirner, “uno de los más existencialistas entre los filósofos del pasado”, observando que “enteras páginas de El único se leen como anticipaciones de Sartre”. En un punto se separan tajantemente, hay que decirlo, pues a Stirner le gustaban las ostras por su sabor agradable mientras que Sartre sentía profunda aversión, manía neurótica por todo lo que se moviera bajo las aguas saladas del mar). Más aún teniendo en cuenta esa especie de fascinación que ronda al filósofo francés alrededor de este término elevado a categoría filosófica por él de una manera inusitada. Nuestra hipótesis se reduciría a esta fascinación por el concepto y por el vocablo nada, fascinación por su sentido, que no es sino una especie de indeterminación total, de un vacío absoluto ante el cual se detiene la razón, o quizá incluso de una absolutización de los juicios de negación en su sentido convencional.

El Baudelaire de Sartre es enigmático dentro de su bibliografía en primer lugar por la dudosa pertinencia u oportunidad de la fecha de publicación: 1947. El mundo salía de una hecatombe, las luces apenas empezaban a caer sobre unos hechos cuya polvareda aún cubría el pasado reciente y podría decirse que todas las fuerzas deberían concentrarse en el presente y en el porvenir, en la reconstrucción de ese mundo que se había conmovido en sus cimientos. Se trataba de la ocasión en la que el ser debería emerger de la nada. ¿Por qué perder tiempo analizando la vida y la obra de un poeta maldito pero reaccionario hasta los tuétanos? Ya, es una lectura poco condescendiente, como muy bien lo dice Leiris en el prólogo introductorio. Y acaso sirva como simple aplicación de la terminología de El ser y la nada al análisis de la obra y la persona de un poeta decimonónico. Pero creemos que las obsesiones o las manías traicionan a los escritores y que su obra es esa traición concretada. Escribir para llenar las páginas con el vocablo “nada” es un tema inquietante. Recordemos como ejemplo clásico la pretensión de Flaubert: “He escrito un libro que trata de nada”, alusión a La educación sentimental.

En realidad, nos proponemos descartar la interpretación más fácil y portátil, aquella según la cual el Baudelaire de Sartre sólo sería la puesta en práctica de conceptos desarrollados en su obra filosófica principal (El ser y la nada), para intentar demostrar que en realidad nuestro autor escribió ese texto con el afán inconsciente de divagar alrededor del vocablo “nada” y, como husmeando en un posible segundo sentido de éste, tal vez concretar una escritura absolutamente surgida de la nada, opción esta última que, por cierto, parece contradecir rotundamente la primera alternativa.

La primera interpretación nos obligará a esquematizar la concepción de un Sartre portátil y manejable a capricho para poder pasar a nuestra tesis principal, pero esta esquematización de todos modos es necesaria para captar los matices y las diferencias sustanciales entre una y otra postura.

a) La nada, en Hegel, es positiva, pues el ser, que es en el fondo pura nada, indeterminación absoluta, necesita negarse en la historia y en la lógica para poder revelar su esencia y finalmente reconciliarse consigo, conocerse. La negación moviliza todo ese proceso lógico-fenomenológico hasta su transparencia última, la del saber que se sabe. Así, la negación del ser, que se aliena de sí en el mundo y la historia, permite su plenitud. El ejemplo que da el propio Sartre indica que Hegel se mueve sobre el enunciado spinoziano según el cual "Toda determinación es negación” (omnis determinatio est negatio). Es decir, que si Sartre es un escritor parisino, que fuma esperando a un amigo en un café con 13.000 francos en el bolsillo, este hecho niega la posibilidad de que Sartre sea nativo de una colonia francesa en África, un colonialista que detesta los cigarrillos y que nunca ha escrito ni una jota. Las determinaciones que posibilitan el ser de un Sartre niegan las del otro Sartre posible. Sólo entonces se es.

b) La nada en Heidegger, por más vueltas que le dé la hermenéutica de hoy en día, en el fondo es negativa. El olvido del ser que caracteriza toda la historia de la metafísica, desde Platón a Nietzsche, es esa nada. Lo unheinlich, lo siniestro, lo pavoroso, lo lúgubre que ha opacado ese espacio que antiguamente ocupaban los dioses es esa nada. Que esa nada, y una de sus formas en el ámbito de lo intramundano, la angustia ante la muerte, puedan abrir al Dasein la posibilidad de la existencia auténtica y la recuperación del ser, es un elemento que no se encuentra nunca enfatizado por el pastor alemán y que queda reducido a una salida exclusivista y aristocrática...


c) La nada en Schopenhauer es plenamente positiva. El mundo de los fenómenos, donde todo está regido por las leyes de la causalidad, el tiempo y el espacio, se agota en el afán de satisfacer los deseos por la urgencia de los apetitos de la voluntad, de la cual dicho mundo es mero desdoblamiento, y no consiste sino en un universo de sufrimiento eterno que sólo puede ser superado por el cortocircuito de la contemplación artística, por la santidad o por el nirvana. O, finalmente, por la piedad, actitud que empuja a la moderación, cercana al perdón dostoievskiano, único amor, por “desinteresado”, por despojado de los acuciamientos de la voluntad todopoderosa, válido para el filósofo prusiano.

d) La nada en Stirner es más ambigua. Si tomamos su “He basado mi causa sobre la nada”, parodia de una frase goethiana, tenemos la impresión de que hace jactancia impúdica de nihilismo. Si leemos su El único y su propiedad siguiendo su sinuoso y quebrado hilo argumentativo, el resultado es otro. La nada es todo lo que quiere aplastar lo único que puedo defender, mi yo egoísta, ese ÚNICO del que precisamente habla Max el frentón. Todas las ficciones que han surgido y se han inventado para ese trabajo de eclipsamiento entran dentro del ámbito de la nada: el Espíritu Santo, la Verdad, el Rey, la Ley, el Bien, la Majestad, el Honor, el Orden, la Patria, la Sociedad, el Estado, la Humanidad, la Moral, la Revolución y un largo etcétera. Ese mundo fantasmal, esa espectralidad alucinada que pugna por ahogar mi yo egoísta, son/forman la nada. Su signo último es negativo, y creemos que Stirner ha leído a Hegel correctamente, pues defender lo más determinado de todo, el yo egoísta puro y neto, Yo, Max Stirner, maestro de colegio de señoritas, despreciado por Marx y Engels, filósofo olvidado por la historia de la filosofía, como lo único real y verdadero, es haber comprendido que el resto es indeterminación, abstracción, fantasmagoría, es decir, nada.

e) La nada en Sartre en primer momento parece negativa pero termina siendo considerada positivamente. Sartre está de acuerdo en principio con Parménides: El ser es y el no ser no es. Pero los juicios de negacion están condicionados y sostenidos por el no ser. Este no ser es parasitario, posterior en relación al ser, que es a su vez positividad plena. Pero el ser está infestado de no ser. La nada infesta el ser porque hay un ser en que el la nada es una presencia constante: el hombre. Porque el hombre siempre pregunta, cuestiona, duda, y en el preguntar queda implícita la posibilidad de la respuesta negativa. El no posible es la condición primera de la conducta interrogativa y, en general, de toda indagación filosófica o ciencia. (Aquí hacemos un paréntesis para destacar el hecho de que la nada que está incrustada en el hombre es el origen también de la filosofía). Esa fuerza interrogadora del ser, presente sólo en el hombre, es el no-ser, la nada, que emerge del ser parasitariamente como la base de la estructuración de todos los juicios de negación. Estos no son abstracciones, sino que tienen un sustrato real en el hombre. Esa capacidad de nihilización intelectual y aun material que hay en el hombre es su nada, su libertad de interrogar y de destruir. Si la negación no existiera no podría formularse pregunta alguna; es preciso, entonces, que la nada se dé de alguna manera, y, en efecto, la nada se da en el meollo mismo del ser, pues para nihilizar es preciso ser, y el ser por el cual la nada adviene a las cosas es el hombre, y, como la interrogación introduce en el mundo cierta dosis de negatividad, el hombre se presenta, por ende, al menos en este caso, como el ser que hace surgir y desplegarse la nada en el mundo. Como el hombre no tiene una esencia que cumplir, se hace en su existencia; por eso dirá Sartre, jugando con los axiomas escolásticos, que la esencia del hombre es su existencia, su libertad. Si tuviera alguna esencia sería su nada, es decir, nuevamente, su libertad. La libertad del hombre precede a la esencia del hombre: el hombre no es primariamente para ser libre después: no hay diferencia entre el ser del hombre y su ser-libre. La libertad es el ser humano en cuanto pone su pasado fuera de juego y segrega su propia nada. La libertad empírica se concibe, así, como nihilización del hombre en el seno de la temporalidad y como condición necesaria de la aprehensión trascendente de la negatidades. Resumiendo, el ser es primero, y después la nada: para poder negar algo, previamente debe haber algo, y el lugar donde se da constantemente esa negación o posibilidad de negación teórica y de destrucción material es el hombre. “La nada del ser es el hombre”, se podría postular como la filosofía portátil de Sartre. Como vemos, la nada es positiva en nuestro autor, casi totalmente positiva, pero con visos de negatividad, con cierta sombra leve y oscura que se cierne sobre su concepto positivo. Recordemos que cuando se define lo positivo de la libertad humana él dice que el hombre está condenado a la libertad. Hay un lastre, una connotación ligeramente negativa, aun a su pesar, en el concepto sartriano de la nada. Como si su libertad fuera un callejón sin salida, inderogable, solo asumible sin mayores miramientos, como si hubiera una fatalidad en la libertad. Es el lado dark, sombrío, que está obligado a llevar por siempre el existencialismo, a pesar de todo el compromiso y la responsabilidad sobre los actos fruto de la propia libertad que Sartre haya querido después concederle.


Me perdonaran que les haya obligado a hacer una inmersión atropellada en toda esta jerga filosófica, de retórica autotélica y cerrada, altamente tribal, un paseo por los vericuetos de la pequeña historia del nihilismo moderno y terminar diciéndoles que la ‘nada’ en el Baudelaire de Sartre no va por estos carriles ‘canónicos’ de esa filosofía trágica sino por otros muy distintos, literarios, divagatorios, maniáticos, menos graves, casi frívolos. La excusa de este libro va por carriles como los esgrimidos por Ingeborg Bachmann para toda su poesía. “Lo que me gusta al escribir es, en el fondo, la tinta negra sobre el papel blanco, el movimiento o la configuración que adquieren esas pequeñas hormigas sobre el desierto blanco que es el papel...” (La cita es de memoria). Claro, nada más alejado de las intenciones de Sartre que coquetear con cualquier clase de estética formalista, en la onda del ‘arte por el arte’, por ejemplo, eso seguro. Como prueba basta leer las citas extractadas al comienzo de nuestra charla y corroborar que el uso de la nada en sentido filosófico estricto, técnico, como la utilizada por Sartre y aun por los otros antecedentes es mínimo, predomina el uso de ‘nada’ como uso cotidiano, elemental, como pronombre, de ese término que nos viene a la perfección para totalizar un ser al cual negamos su intervención en la realidad del enunciado. Incluso, vemos la fascinación de Sartre por el término citando, cada vez que tiene un resquicio para hacerlo, a gente que nadie acusaría de nihilista ni en estado de intoxicación alcohólica o en levitación onírica, es el caso cuando cita la famosa frase de Sócrates “Sólo sé que no sé nada”. En otras palabras, lo que guía el texto de Baudelaire no son objetivaciones menores o vulgatas de alta filosofía para lectores de ensayos o novelas, a la manera de El mundo de Sofía o Menos Platón y más Prozak, literaturas preparadas para una digestión suave y cómoda de grandes ideas, digamos bajar a la tierra al dios y hacerlo pasear con los pobres mortales hablando su lengua profana e inofensiva. Nada de ejemplificaciones reductivas o simplificadoras donde las aristas son gastadas por la intención pedagógica o populizadora. No, se trata de pura y simple estrategia literaria, con casi nada de ‘filosófico’, como cuando Hemingway monta los contenidos de sus cuentos sobre el previo corte de sus oraciones. La elección previa de una estructura de trabajo para no perderse en lo ilimitado del mero contenido. La nada, si la hay, en el texto sobre Baudelaire, se halla en otro lugar, muy distinto del que piensan los lectores avispados del Sartre filósofo. Con Sartre literato y ensayista se necesita de un lector más inocente, sin prejuicios constreñidores para su correcta lectura ‘primigenia’. Soltar todo el bagaje teórico, que nosotros ya hemos desechado previamente al hacer una versión portátil del mismo, y enfrentarlo como un texto solamente cruzado de virtudes literarias. La nada sartriana del Baudelaire se apoya en la libertad de la invención, el proyecto experimental o suicida de lanzarse a la creación más allá de las meditaciones que precisa supuestamente todo texto filosófico. Eso de que la invención es una liberación de supuestos que antecederían a su realización concreta, De que toda elaboración literaria crea sus propias reglas de juego sin someterse a modelos empíricos o a finalidades puramente miméticas. La obra ENSAYÍSTICA DE SARTRE NO LE debe NADA al pesado aparato teórico de sus obras filosóficas, sino que es la prueba de su ejercicio de libertad literaria. El malentendido que supone que un filósofo llegue a abrir un espacio distinto al que tiene acostumbrado a sus lectores, un espacio liberado de plan a realizar, un espacio de literatura pura, donde las verdades emergen autónomas tanto de los referentes exteriores ( la realidad) como de los de los referentes internos (los de la teoría filosófica del autor), lanzados a la intemperie de la libertad pura, sin sombras pesadas, la creación literaria, donde los conceptos naufragan y el placer galvaniza virtudes de otra naturaleza. Proyecto menos ambicioso y esteticista dirán ustedes, no acorde con los lauros del papa del existencialismo, pero la subjetividad sartriana conoce de caminos más amplios que los de la sola filosofía sesuda que en general lidia en los campos de su frondosa tradición. La creación literaria, en cambio, puede partir de la nada pura, inventar un mundo nuevo, con valores y reglas instaladas ad hoc, y poder perderse en ella sin culpas de ningún tipo. Para terminar, recordemos que sus propias novelas siempre han confundido a sus críticos más sutiles, pues las reducían a simple novelización de sus graves aporías filosóficas, sin otorgarles mayores logros en lo literario. Eso ha acabado hoy, la interiorización total de la realidad por el sujeto narrador, o la objetivización obsesiva de la escritura que termina en una subjetivización extrema de lo real, distorsión de lo dado por el filtro de una subjetividad arrojada a su nada, libre de montar un mundo desde su nada particular e intransferible. Toda la nueva literatura latinoamericana que aparentemente venía de Arlt y Onetti y del Nouveau Roman tiene a Sartre como ejemplo secreto y no reconocido de liberación de las formas del género de la novela y aun del ensayo. Cuando el narrador o el ensayista se lanzan sobre el papel o sobre la luz catódica de la computadora saben que están jugando, en el fondo y nada más, su nada.

Cristino Bogado
Poeta y editor asunceno

Intervención presentada en la Semana Sartriana, Setiembre de 2005, Café Italiano, Asunción.

2 comentarios:

Rain dijo...

Este artículo se me torna poderosamente revelador. Lo agradezco profundamente.

Me reafirmo en que este blog y ahora el de Kuruguay egoísta son blogs extremadamente interesantes.

A parte del reconocimiento, pregunto, ¿cómo relaciona Cristino, a la nada con lo que expone Peter Sloterdijk?

Si acaso fuera posible una respuesta. Alguna vez Cristino se refirió a las modas en filosofía. Y ya se sabe cómo se habla hoy de Zizeck y Sloterdijk, por ejemplo.

Salutes.

kurubeta dijo...

Rain, chamiga kerida, encantada de encontrarte en nuestra casa desde ya, espero que el niño esté bien con su madre y todo vaya como debe ser ...Montse cae por Lma tipo en Mayo, como unas semanitas...te avisaré con tiempo, para enviarte golosinas guaraníes...Sloterdjik, lo he leído poko, pero me interesa, sé que es una star televisiva, y todo eso, creo que tiene tambien un best sellers, "Elogio de la razón cínica", lo buscaré y lo leeré.