martes, 22 de mayo de 2007

Adiòs al vitalismo de Bartleby, mero schopenhaueriano

No hay vuelta que darle, hasta un fantástico inventor de teorías en cada libro, en cada página de sus libros como Deleuze, no puede ocultar la veta schopenahueriana de Bartleby. Para entendernos, el pesimismo schopenhaueriano. No convence eso de querer psicoanalizarlo hasta la pared homo del amor latente entre patrón-obrero. Bartleby es una simple y vulgar despedida a la vida tomada en su sentido tradicional de entrega a la rutina, al trabajo, a las convenciones del país, a la obediencia del dato inmediato, la pleitesía a lo dado, el stablishment, etc. Un santón que ni siquiera ya pide limosna, sino habita la espera de la música noise de la moneda al quebrar el horizonte de western spaghetti de su soledad con su monódico tintineo japonés, nutricio, tarkovskiano…El vitalismo inmóvil que pretendió encontrar en la obrilla de Mellville el famoso filósofo francés, cae solo.

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