sábado, 23 de agosto de 2008

“bastardo social”, apreciado por su inteligencia pero despreciado por su pobreza y siempre sospechoso de insania

Escolios
El sexo de los filósofos



Se dice que el misterioso Jean-Baptiste Botul (1896-1947) fue un filósofo trotamundos y seductor de celebridades, cuya memoria subsiste por las transcripciones de sus charlas. En 1946 pronunció en la Nueva Konigsberg, una colonia de alemanes de presumible filiación nazista que replicaron la mítica ciudad de Kant en la selva paraguaya, la serie de pláticas que forman La vida sexual de Immanuel Kant (hay ediciones en español tanto en Arena libros, como en la UNAM).

Consagrado en el relato cotidiano de su senilidad por el hermoso y conmovedor Los últimos días de Kant, de Thomas de Quincey, el Kant que revela Botul se acerca a la intimidad del filósofo, aunque rebasa las especulaciones picantes para aventurar la teoría general de que la consagración al pensamiento filosófico exige una ascesis personal, que a menudo incluye el celibato. A partir de la castidad voluntaria de Kant, Botul sugiere que el verdadero pensador es reactivo al yugo del matrimonio y huye de éste con diversas estrategias, desde la adopción de la abstinencia, hasta su extremo, el amor libre y profuso, pero sin compromisos. Botul hace una larga lista de filósofos solteros y describe algunas de las razones por las que no llegaron a casarse (la filosofía no era una ocupación lucrativa y, si no se tenía título o fortuna propia, no era raro que el filósofo viviera una paradójica situación de “bastardo social”, apreciado por su inteligencia pero despreciado por su pobreza y siempre sospechoso de insania). Más allá de las razones sociológicas, Botul señala que hay un compromiso filosófico con la verdad que no resulta compatible con las exigencias domésticas del matrimonio, pues nada más lejano del espíritu universal que la fidelidad al estrecho círculo de la mujer y de la prole. Inclusive, la energía que consume el estado conyugal hace que éste sea visto con desconfianza por aquellos que piensan que la fuga de fluidos desgasta el alma (no sólo el esperma, dicen, sino la saliva, son líquidos preciosos que los no filósofos derrochan a a la menor provocación).

Todo esto explica el hecho de que Kant haya decidido permanecer célibe, pues si bien no era un especimen bello, ni poseía fortuna personal, sus cualidades sociales y su fama lo hacían un partido aceptable. Por lo demás, aunque hubiera eludido un matrimonio formal, pudo divertirse, pero no se le conocen aventuras con admiradoras (que las tuvo y bastante coquetas) o amancebamientos con criadas. No es extraño, dice el provocador Botul, que la crítica, esa operación definitoria de Kant, sea en realidad un deseo sublimado de “levantarle la falda a la realidad” y sugiere que una amante culta, alguna de las que le escribían cartas, habría podido alegrarlo y volverlo menos grave, “habría podido hacerle comprender que no se posee la verdad, como no se posee a una mujer”. Es entendible que, ante estos asertos irreverentes, puedan levantarse algunas cejas; sin embargo, habrá que recordar que el fascinante Botul es, en realidad, creación de otro escritor, Frédéric Pagès, y que el libro es una exquisita broma filosófica, un ejercicio de razonamiento tan caprichoso como original que, con tono guasón, plantea la condición más íntima, risible y entrañable de un filósofo.


agonzale79@yahoo.com.mx


Armando González Torres




viernes, 22 de agosto de 2008

emborrachàos (Baudelaire)

Deleuze sobre la cuestión '¿Qué Significa Beber?'

B COMO BEBIDA

«Sí, he bebido mucho. Pero me paré. Sobre la cuestión '¿qué significa beber?' habría que preguntarle a los alcohólicos. Pero me parece que beber es antes que nada una historia de cantidad. Comprender a qué sirven la cantidad y los límites. Por lo demás, sin equivalente comparable con la comida. La gente se burla sin comprender lo que busca el bebedor o el que se droga. Éstos dicen: 'Controlo. Yo dejo de beber cuando quiero.' ¿Qué significa eso? Cuando se bebe, lo que se desea es llegar al último vaso. Beber significa, literalmente, hacer todo para y por acceder al último vaso. El alcohólico es aquel que no cesa de dejar de beber. Cada bebedor tiene su bebida favorita, en aquella que piensa poder encontrar su límite. Es decir, que no cesa de hallarse midiéndose con la última copa. El primer vaso repite el último. Eso es lo esencial. Si es un alcohólico de mañana, nada más levantarse y tomar el primer vaso, todo él estará tendido hacia el último. Los vasos intermedios, el segundo, el tercero, no importan. El último significa una evaluación. Calcula una evaluación de potencia. Evitando derrumbarse. ¿Hasta dónde puede ir sin tener que ir al hospital, perderse, volverse insoportable, estar forzado a cambiar de programa de vida, de organización? Cuando dice que es el último, se trata siempre del penúltimo, naturalmente, pues sería fatal si fuera, en efecto, el último. Se trata de recomenzar. El bebedor no es aquel que dice mañana me paro, sino hoy mismo me paro, para poder continuar mañana. Michaux lo ha expresado todo al respecto. Hay un momento en el que el alcohol deviene muy peligroso. Se produce una cresta. Todo va bien mientras puedes trabajar. Hay algo muy fuerte que no se puede soportar sin alcohol. Se ha entrevisto algo muy potente en la vida que resulta imposible verlo sin la ayuda de la bebida o de las drogas. La necesidad de controlar una energía. Hay un riesgo. Algo que ayuda a poder percibir, aunque después se tenga que pagar caro por ello.

Pero a mí me ayudó. La frontera es simple: beber permite acercarse a fuerzas terribles. Pero cuando se vuelve imposible trabajar, entonces se convierte en un peligro absoluto y pierde su interés. Y uno se da cuenta, además, de que no es necesario, que aquello que se creía hacer gracias al alcohol se puede hacer sin él. Admiro a las personas que saben pararse. Beber es una historia de visión, de clarividencia. Como escribir, como filosofar. Ver algo que los demás no ven. Los novelistas anglosajones saben mucho de este problema. Verlaine solía beber dos calles más abajo, en el Bar de los Solitarios, a dos minutos de aquí. Es un detalle que me conmueve».



http://phiblogsopho.blogspot.com/2008/08/deleuze-sobre-la-cuestin-qu-significa.html

El Mc Comunismo asegún la Naomi Klein


Los Juegos Olímpicos de Pekín: presentando el Estado Policial 2.0

Hasta el momento, los JJ.OO. se han convertido en una invitación abierta para cargar contra China, la excusa perfecta para que los periodistas vayan detrás de los rojos en todo, desde la censura en Internet a Darfur. Sin embargo, a pesar de todas las historias desagradables que corren, el gobierno chino ha permanecido sorprendentemente impertérrito. Y ello porque apuesta que nada más empiece la ceremonia de apertura el viernes, instantáneamente os olvidaréis de todo lo desagradable que hayan hecho, a medida que vuestro cerebro se vaya llenando del gran espectáculo político-cultural-atlético que son los Juegos Olímpicos de Pekín.Os guste o no, vais a quedar sobrecogidos por el formidable espectáculo chino.Los juegos han sido anunciados como la “fiesta de presentación” de China al mundo. Pero son algo más significativo que eso. Estos Juegos Olímpicos son la fiesta de presentación de un método perturbadoramente eficiente de organizar la sociedad, uno que China ha estado perfeccionando desde hace tres décadas, y que finalmente está preparado para presentar al mundo. Es un potente híbrido de las más poderosas herramientas políticas del comunismo autoritario -planificación central, represión despiadada, vigilancia permanente- enfocado a la consecución de los objetivos del capitalismo global. Hay quien lo llama “capitalismo autoritario”, otros, “estalinismo de mercado”. Yo prefiero llamarlo “McComunismo”.Los Juegos Olímpicos de Pekín son, por sí mismos, la expresión perfecta de este sistema híbrido. Con proezas extraordinarias, propias de un gobierno autoritario, el estado chino ha estado construyendo deslumbrantes estadios, carreteras y vías ferreas, todo ello en un tiempo récord. Ha arrasado vecindarios completos, adornado las calles con árboles y flores y, gracias a la campaña “contra el escupir”, limpiado las aceras de saliva. El Partido Comunista Chino incluso ha intentado convertir sus cielos de grises en azules, ordenando a la industria pesada el cese de la producción durante un mes, en una especie de huelga general por orden gubernamental.Y como mensaje para aquellos que se salgan de la línea del partido durante los juegos -activistas tibetanos, defensores de los derechos humanos, bloggers descontentos-, cientos de ellos han sido arrojados a las cárceles durante los últimos meses. Cualquiera que aún albergue planes protesta será descubierto sin duda por alguna de las 300.000 cámaras de vigilancia de Pekín y rápidamente pescado por un policía, de los cuales, según se informa, 100.000 están en misión especial por las Olimpiadas.El objetivo de toda esta planificación central y espionaje no es celebrar la gloria del comunismo, se llame como se llame el partido que gobierna China. El objetivo es crear la última colonia consumista para las tarjetas de crédito VISA, las zapatillas deportivas Adidas, los teléfonos móviles China Mobile, los happy meals de McDonald’s, la cerveza Tsingtao y el servicio de mensajería UPS, por mencionar solamente unos cuantos de los patrocinadores oficiales de los Juegos Olímpicos. Pero el mercado más puntero de todos ellos es el de la vigilancia misma. A diferencia de los estados policiales de Europa oriental y de la Unión Soviética, China ha construido un estado policial 2.0., una entidad enteramente orientada al beneficio que es la última frontera del complejo del capitalismo del desastre (Disaster Capitalism Complex).Las corporaciones chinas financiadas por los fondos de inversión libre estadounidenses, así como algunas de las más poderosas corporaciones norteamericanas -Cisco, General Electric, Honeywell, Google- han estado trabajando codo con codo con el gobierno chino para hacer que este momento fuera posible: conectando en red las cámaras de televisión de circuito cerrado que escudriñan a los ciudadanos desde cada farola, construyendo el “Gran Firewall” (1) que permite la monitorización remota por Internet y diseñando motores de búsqueda auto-censurados.Se calcula que el año que viene el mercado de la seguridad interna china moverá una cantidad superior a los 33 mil millones de dólares. Muchas de las principales empresas chinas del sector han llevado sus productos a los mercados estadounidenses y los han hecho públicos, con la esperanza de que, en tiempos de inestabilidad, las inversiones en materia de seguridad y defensa sean contempladas como una apuesta segura. La China Information Security Technology [empresa estatal china para la tecnología de seguridad de la información], por ejemplo, aparece en el índice NASDAQ [National Association of Securities Dealers Automated Quotation System – bolsa de valores electrónica y automatizada], y la China Security and Surveillance [empresa estatal china para la seguridad y la vigilancia] en la NYSE [New York Stock Exchange – Bolsa de Nueva York]. Una camarilla de propietarios de fondos de origen estadounidense ha sido la que ha permitido introducir estas operaciones en bolsa en el país, invirtiendo más de 150 millones de dólares en los últimos dos años. Los réditos han sido espectaculares: entre octubre del 2006 y octubre del 2007, las acciones de la China Security and Surveillance subieron un 306%.Una parte considerable del despilfarro del gobierno chino en cámaras y en todo tipo de equipos de vigilancia ha tenido lugar bajo el pretexto de la “seguridad olímpica”. ¿Pero cuánto se necesita realmente para mantener la seguridad de un acontecimiento deportivo? El precio ha sido calculado en la pasmosa cifra de 12 mil millones de dólares. Para que nos hagamos una idea: Salt Lake City, que acogió los Juegos Olímpicos de Invierno cinco meses antes del 11 de septiembre, gastó 315 millones de dólares para mantener la seguridad de los juegos y Atenas gastó cerca de 1′5 mil millones de dólares en el 2004. Muchos grupos defensores de los derechos humanos han señalado que la escalada securitaria de China ha cruzado las fronteras de Pekín y que ahora existen 660 ciudades designadas como “seguras” en todo el país, municipios que han sido seleccionados para recibir cámaras de vigilancia y equipo de espionaje. Y, por supuesto, todo el equipo ha sido comprado en nombre de la seguridad olímpica: escáneres del iris ocular, “robots anti-disturbios” y software de reconocimiento facial permanecerán en China mucho después de que los Juegos hayan terminado, preparados para ser empleados contra los obreros y campesinos en huelga.Lo que los Juegos Olímpicos han proporcionado a las compañías occidentales es una noticia agradable con la que encubrir sus espeluznantes operaciones. Desde la masacre de la Plaza de Tiananmen en 1989, se ha prohibido a las compañías estadounidenses vender equipamiento policial y tecnología a China, pues los legisladores temían que fuera empleado de nuevo contra manifestantes pacíficos. Pero en los días previos a los Juegos Olímpicos se ha hecho caso omiso de la ley cuando, en nombre de la seguridad de los atletas y de los VIPs (incluyendo a George W. Bush), no se le ha denegado ningún juguete nuevo al estado chino.Hay una ironía amarga en todo ello. Cuando se le concedieron a Pekín los Juegos Olímpicos hace siete años, la teoría era que el escrutinio internacional al que se sometería forzaría al gobierno chino a garantizar más derechos y libertades a su pueblo. En cambio, lo que los Juegos Olímpicos han hecho es abrir la puerta trasera a la mejora de sus sistemas de control y represión de la población. ¿Se acuerdan de cuando las compañías occidentales afirmaban que haciendo negocios con China lo que estaban en realidad haciendo era difundir la libertad y la democracia? Ahora estamos viendo justamente lo contrario: la inversión en equipos de vigilancia y censura está ayudando a Pekín a reprimir activamente a una nueva generación de activistas mucho antes de que siquiera tengan la oportunidad de entrar en contacto entre ellos y establecer finalmente un movimiento de masas.Los números de esta tendencia son escalofriantes. En abril del 2007, los oficiales de 13 provincias se reunieron para realizar un informe y evaluar cómo estaban funcionando sus nuevas medidas de seguridad. En la provincia de Jiangsu, en la cual, según el South China Morning Post, se estaba empleando “la inteligencia artificial para extender y mejorar el sistema de monitorización existente”, el número de protestas y disturbios “descendió un 44% en el último año.” En la provincia de Zhejiang, donde se habían instalado nuevos sistemas de vigilancia, descendieron un 30%. En Shaanxi, los “incidentes de masas” -nombre en clave para las protestas- descendieron un 27% en un año. Dong Lei, el diputado de la provincia por el partido, atribuyó los resultados a la enorme inversión en cámaras de seguridad en toda la provincia. “Nuestro objetivo es conseguir una capacidad de monitorización las 24 horas del día, todas las estaciones del año”, dijo a los asistentes.Los activistas en China se encuentran bajo una intensa presión, incapaces de funcionar incluso a los limitados niveles en que lo hacían hace un año. Los cafés-internet están llenos de cámaras de video-vigilancia, y la navegación por Internet está cuidadosamente vigilada. En las oficinadas de un grupo de derechos laborales de Hong Kong, me encontré con el conocido disidente chino Jun Tao. Había acabado de abandonar la península ante el continuo acoso policial. Tras décadas de luchar por la democracia y los derechos humanos, dijo que las nuevas tecnologías de vigilancia hacían “imposible funcionar como hasta ahora veníamos haciendo en China.”Resulta fácil ver los peligros de un estado de vigilancia de alta tecnología en la lejana China, cuando las consecuencias para gente como Jun son tan especialmente graves. Lo que resulta más difícil es ver esos mismos peligros cuando estas tecnologías se infiltran en la vida diaria a través de la red de cámaras de circuito cerrado de televisión en las calles estadounidenses, las tarjetas biométricas “para un embarque rápido” en los aeropuertos y los operativos de vigilancia de correos electrónicos y llamadas telefónicas. Para el sector global de la seguridad doméstica, China es más que un mercado: es un salón de muestras. En Pekín, donde el poder del estado es absoluto y las libertades civiles inexistentes, las tecnologías de vigilancia fabricadas en los EE.UU. pueden llevarse hasta el límite.La primera prueba comienza hoy: ¿Puede China, a pesar del enorme malestar que late bajo la superficie, celebrar unos JJ.OO. “armoniosos”? Si la respuesta es definitivamente que sí, como muchas de las otras cosas hechas en China, entonces es que el Estado Policial 2.0 está listo para su exportación.

NOTAS DEL TRADUCTOR: (1) Juego de palabras entre Great Wall [”Gran Muralla [china]”] y Firewall [”cortafuegos”, programa de seguridad de Internet](Traducido por AF)
Enlace original: The Olympics: Unveiling Police State 2.0









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de ayer, jueves, 20 de agosto, chupado oi, veneris deis, ja!!