domingo, 28 de marzo de 2010

Los laberintos de Dark Vader






Conceder mi gracia vital a las calles, transigir con la alucinación octaédrica, cúbica, tetraédrica e icosaédrica, arrojarse jubiloso en la mentira cerebral que se desagua en el sumidero einsteinianamente negro y voraz, darle un mordisco a la serpiente de notas que bach ha construido como una isla paradisíaca para no sucumbir al vértigo que viento en popa el plateado capitán Muerte esgrime sobre ella y nosotros, desplegar insensatamente la forma primera, fetal, defensiva, que nos compete, para abrazar, generosos e ingenuos, la luz que brota sin querer dañar nunca, del calor elemental del ser, físico, biológico, archipiélago hormigueante de carbono e hidrógeno, ¡ da capo!, inhalar, animal autosatisfecho, la emanación vaporosa y confortable de las moléculas disolviéndose, síntesis de tanta tragicomedia estruendosa y plagueona, asumir las volutas del nombre y los bucles del oficio, la fata morgana entera de las palabras y las cosas agitándose en una figura ovoide, triste lágrima desprendiéndose del ojo rasgado de la eternidad, polución estéril de las constelaciones ociosas, marca, piedra conmemorativa, tiempo in faecem de una vida que definitivamente está sucediendo en otra parte, oscilación parasitaria y tartamudeante que las esferas nos hacen participar como no-música oracular, miedo friolento, adrenalina relampagueante, señor crueldad montando bello y universal el vacío piafante, caravana, posta de fuego y dolor, aliento y penumbra, medusa cósmica que cobija el mercado de vagidos y estertores que ningún quasar quiere hospedar, incurable nómade ciego y sord0 para todo recodo divino en donde fondear pudiera...