lunes, 23 de agosto de 2010

Dossier-í Cine kurupiniano

Dossier-í Cine del kurupi




http://kurupi.blogspot.com/2008/04/no-country-for-eternal-yiyis.html





Un país con cineastas obsesivos con el género

Seré breve: la peli de los hermanos judíos es simple basura yankee. La verdá duele pero es imposible taparla. El laurel impide la piedad con estos chicos hasta esta peli muy queridos por la mirada kurupiniana. Un país no para débiles tiene dos defectos enormes. Primer defecto: No tiene yiyis. La otra noite tomando birra con una amiga tan kurepa ke solo lee autores argentinos me tiraba nombres y yo le decía mi parecer. Cuando llegó a Fogwill dije: El problema de Fogwill es ke su mejor libro es Los pichiciegos. Pero Los pichiciegos no tiene yiyis. Me hace acordar mi terrible infancia televisiva, cuando asunción contaba con sólo un canal de TV, que era la estatal, stronista hasta los tuétanos. Los miércoles era para suicidarse. Pasaban Combate, puro tipos con rifles….nada de yiyis para fantasear la línea de la vida erótica sobre la ingle hipersensible de la pubertad. Con los hermanos Coen pasa lo mismo. Hay una base subyacente, estructural, vertebral, esquelética, misógina u homo. Repasemos sus dos puntos altos. De paseo con la muerte es la larga vía crucis de un personaje -típico del género noir- por culpa de una yiyi, turra sacada de una opus de Jim Thompson, pizpireta y traidora pero bella, Gabriel Byrne, de ganchuda nariz semita, apunkado toda la peli por culpa de una yiyi ni sikiera por la plata o el idealismo abstracto del bien. Pero la actriz no era linda. Problema de casting o de sensibilidad hacia la belleza femenina. En Barton Fink ya ni siquiera vemos el cuerpo de una yiyi. Turturro vive asfixiado en un hotel y sueña con escapar de su infierno a través de un cuadro playero con yiyi tomando sol (igual ke en la novela sabatiana El túnel). Y Fargo con Frances Mac Dermott la cosa queda en plan mujer embarazada más vivilla ke los policías rurales, pero claro, una policía debido a su uniforme casi es despojada de su diferencia sexual por no recargar el desprecio diciendo ke siempre elige mujeres feas adrede como si fuera una chica Almodóvar, famosas por lucir caras o perfiles cubistas. En resumen, por qué mostrar solo el lado malo de la vida, la violencia, sin aportar su contraparte positiva, las yiyis. Pesimismo o complacencia homo con el mundo viril de los hombres. Hay géneros clásicamente homos: westerns (salvo el spaghetti), bélicas, carcelarias, etc. El noir oscila entre la misoginia y el homosexualismo. Siempre salen las pistolas no de las braguetas pero cerca de ellas, son exhibidas entre hombres como atributos de dominación y sadismo. El amor al género es otro defecto concomitante al primero (Mort Cinder del malogrado Oesterheld y del Breccia padre corren la misma corriente. Un condenado a reencarnar cíclicamente, un Holandés Errante del tiempo, un Cazador Gracchus en quadriños, cruzando eones de violencia sin una pequeña compensación de vislumbrar la cariátide una yiyi). Hagamos señores cineastas grandes pelis de guerra con violaciones y ultrajes en masa de yiyis. Cortemos cabezas viriles por conseguir la concha coubertina de la vida, el tatú ro’ó de la poesía vital. Quebremos la ortodoxia genérica. Segundo defecto. Esa fantasía infantil u oligofrénica yankee de hallar un montón de guita y empezar la vida de nuevo. Es tan deprimente esa reiteración yankee en este par de judíos. Dónde quedó su differance ahaverusante! Su originalidad mosaica! Xavier Velasco tomó ese sub tema en una novela mexicana ke le valió un premio multimillonario. Hace poco pesqué de madrugada, haciendo zapping por TV cable, en una de Gus Van Sant. No recuerdo el nombre de la peli del autor de “My Private Idaho”. Me quedé mirándola por ke me copó eso de la yiyi cajera ke en vez de ir a depositar 400 mil dólares decide escapase con ese monto todo para demostrarle a su novio indeciso ke ella puede tener la firmeza y el atrevimiento casi delictual para tomar una determinación. Pero Van Sant se volvió Stendhal. Como aquel en La Cartuja de Parma, que llenó de novelas su novela, el yankee llenó de tres pelis su peli. La segunda historia empieza cuando entramos directamente en la Psicosis de Hitchcock. La rubia paranoica termina hospedándose en un alejado motel. Claro el chico es voyeur y después d masturbarse la mata como no en la ducha. Y la tercera peli dentro de la peli de Gust es cuando la rubia antes de ducharse decide colocar la guita dentro de un periódico, haciendo pasar lo oculto como lo visible al mejor estilo de Edgar Allan Poe en La carta robada: la gente solo ve lo nuevo, lo ke esta todos los dias no se ve más. Queda invalidada por la existencia rutinaria. Claro, yo fanático de yiyis, cuando la rubia flaca y de pelo corto termina ensangrentada y sin vida en la bañera salteé inmediatamente a otro canal. La Cartuja de Parma cinematográfica, me dije, paso, muy complicado para curtirla agora. Véanla ustedes y díganme de lo ke me perdí. Vulgar basura yankee es la última y oscarizada peli de los hermanos Coen. Obediencia tout court al género, filosofía estructural misógina-homo (de hecho cuando Josh Brolin termina muerto es porke pierde su autocontrol y se descuida por culpa de una yiyi ke lo levanta al borde de una piscina invitándolo a beberse juntos unas birras en lata), falta de yiyis fuertes o bellas, seguras en la vida y en el amor (la yiyi de Brolin es presentada como siempre en los Coen como capesinita insegura, tontozuela, con acento rural, sureño o hillbilly, ni sikiera bella o turgente). La inverosimilitud de Bardem curándose la herida en la pierna tan eficientemente como si fuera del equipo de médicos de Chicago Hope dirigidos por Clooney!!! Esa figura vagamente simbólica de Barden es patética. Nunca queda claro si representa a un Justiciero no Cha Cha Cha, de vestido negro, jugando al azar con sus moneditas dualistas. Ñembo Muerte negra neomedieval al estilo Bergman sub-pop judaizante!! Es tan kitsch que dan ganas de llorar. Tommy Lee Curtis hace un papel tan gris y pobre ke uno se pregunta cómo aceptó interpretar a un viejo policía más cerca de la muerte ke de la vida. Filosofando sobre la dureza de la vida americana en el final. Algo que un niño de pecho chupándose su chupete gastado por el bulímico Edipo ya sabe!!! Lo digno de comentar es lo paratextual. La copia pirata de alta calidad técnica ke compré de una yiyi vendedora ambulante mientras me tomaba un par de cafés cortados en la panadería La palmera, el café más barato de asunción. Y donde rescato esos Philips Morris argentinos con tabaco cubano de la empresa Particulares s.a. Toda una genia de las ventas. Ve ke soy pequeño burgues acostumbrado al consumo de bienes culturales, -libros sobre mi mesa-, aire de intelectual decadente, resakeado de cogidas madrugadensis con yiyis vampírikas, me ofrece su producto como una cariátide sedente. No gracias, señorita, no tengo tiempo, me espera la lavandera, tengo ke retirar mi ropa d invierno, salir corriendo, seguir mi laburo de revisión final de la revista, etc. Ni corta ni perezosa me va colocando ordenadamente en preciosos pilotes de 10 dvd piratas cada uno sobre mi mesa…Pillo la de los Coen en medio de una selva de basura yankee y pago. También le doy una ojeada a un lo mejor del reggeton y a una antología de cachaca pirú para regalo de cumple de una yiyi.


jueves, abril 14, 2005

MÚSICA Y POLÍTICA: El caso Furtwängler en Taking Sides (Réquiem por un imperio)





Los domingos de madrugada suelen ser insufribles. Desde el sofá que nos guarece, siempre fiel al canon del descanso burgués, nos queda la fisura antimística del zapping. Con los ojos insomnes desde el día anterior (sábado ka’ú) quedamos moralmente varados en el canal a penique mensual The Filme Zone. Pasan “Réquiem por un imperio” (Taking Sides.-Le cas Furtwängler), sobre el proceso de “desnacificación” del compositor y director de la Filarmónica de Berlín en tiempos del Tercer Reich:

Wilhelm Furtwängler.

Harvey Keitel encarna al oficial encargado de la investigación inquisitorial. Un Sherlock Holmes perseguidor del Mal. Un Del Río guiado por sabuesos entrenados para olisquear la witchcraze en los modales del director. Su personaje carece de la más mínima noción de lo musical, de aquella sensibilidad que suspende la vigilancia de la razón y las finalidades pragmáticas para paladear o dejarse arrastrar por la vorágine del arte. En pocas palabras, es del bando de los vencedores. De los que han tomado Berlín y no se cansan de ver corroborada su superioridad frente a cada alma ambulante de la ciudad ocupada y recorrida por degenerados hitlerianos fanáticos e hipnotizados por el destino alemán, ya por la vía de la oratoria, ya por la de los inciensos de la orquesta. El porte “español” del genio satánico y megalómano que es Futwängler le subleva. Su “deber” desde que lo ha visto es desenmascarar la debilidad moral de ese engreído que tocó para Hitler en su cumpleaños. Escena eternizada que dos veces reitera el director de la peli tratando de conceder una piedad postrera hacia el músico. Éste se ha frotado las manos que tocaron la Gran Política, él, que, siempre con ingenuidad alemana (véase Mann: “el alemán siempre ha rehuido lo social y lo político”), consideró imposible el encuentro de las dos líneas paralelas de la música y la política en punto alguno de la vida de un artista genuino. Volvamos a la escena final: termina el concierto en homenaje al birthday party de Adolf. En medio de la salva de los alabarderos, Wilhelm ha omitido el saludo nazi astutamente gracias a la deliberada molestia de la batuta en la diestra, en medio de tamaña apoteosis,.y simplemente le estrecha la mano al Führer. La cámara lenta se concentra en un primerísimo plano sobre la mano izquierda del músico, que lleva un pañuelo a la derecha, como intentando borrar las manchas de la ignominia, de estrujar el gesto anterior y con él la complicidad pública representada ante los ojos del matonismo acechante. Es cierto, la peli no se adentra jamás por los vericuetos filosóficos del “Dr. Faustus” de Mann, “La decisión de Sofía” de Styron o los ensayos sobre Wagner del mismo Mann. No nos dice nada sobre la ambigüedad ontológica de Alemania: su potencial, a la vez celestial y satánico, de producir frutos tan dispares como Hitler y Wagner, un destructor y un creador, un Abbadón y un Orfeo. La gran cultura europea (Goethe, Wagner) y el demonio mecanizado (Hitler) que se distrae devastando todo lo que ha construido aquélla. Wagner, Beethoven, Goethe, Schiller, ¿siempre nos conducirán hacia algún Hitler? ¿Es el arte en el fondo una frivolidad perversa? ¿La música representa la suma libertad no susceptible nunca por entero de ser instrumentalizada por ninguno de los dictadores de turno que se suceden interminablemente a lo largo de la historia? ¿O el arte no es nada sin la política? Lo que la peli quiere es, simple y llanamente, saber si Furtwängler era o no era nazi. Por lo pronto, el prestigioso diccionario de Grobe ni siquiera lo menciona como compositor, y en 1986 su centenario pasó inadvertido en España y en Latinoamérica.



sábado, marzo 22, 2008



Notas al pasar sobre "La Ciénaga" de Lucrecia Martel

Notas sueltas, al pasar, sobre La Ciénaga de Lucrecia Martel

—No es una película, porke no contiene una historia, un ir de A a Z lineal u oblicuamente. Es coreografía, despliegue sobre una multitud de espacios, en los ke el tiempo es fijo, eterno recomenzar de los ritos de una familia.

—Cine familiar, de probable origen televisivo. Tribu Brady, Simpson, Los Walton, La familia Ingals, etc. (El cine clásico del héroe solitario que llega a un pueblo, se enamora de una yiyi, mata al malo liberándolos de una antigua opresión a los pueblerinos pero tiene que seguir su destino de condenado a la soledad honesta pues ha corrido sangre, etc.: ese cine sería su opuesto)

—Cotidianidad promiscua. Siempre me pareció vulgar y horrible el roce y el hacinamiento de los cuerpos en la casa familiar. Yo tuve la suerte de ser el último hijo de una familia parca y poko prolífica. Tenía toda la casa para mi imaginación. Y si veía ke mis vecinos sí habitaban una casa de cuatro hermanas y cuatro hermanos, los varones siempre pateaban y alejaban a sus hermanas (para mi bastante apetitosas, eso sí) excusando el miedo a transgredir la línea del incesto con ke eran feas o grotescas. La cercanía mata el deseo, la distancia o la sublimación de la hermana es siempre la fuente de la yiyi idealizada. El tigre de Blake no habita jamás nuestra tierra estéril. Hay ke buscarlo en lejanos países, en otros ámbitos ke los de lo doméstico, familiar, hogareño, que sí es, en cambio, fuente de lo umheimlich.

—Impostación de lo real (la vida diaria) no de lo artificial (la peli): que el teléfono suene siempre y tarde en ser contestado, o el barullo del piberío como white noise de sus corridas y malones, en un perpetua producción de noise.

—Porno chanchada latinoamericana, década de la censura militar. No sexo que asalta las pantallas de nuestra PC en pleno siglo XXI, promiscuidad sin sexo setentera.

—Sobreactuación (los personajes siempre están saltando, corriendo, se hacen daño) pero de lo real no de lo artificial. Cuestión vidriosa.

—No hay denuncia en Martel. Tampoco sublimación nostalgika de un ayer familiar mejor. Que la Borges pase constantemente del vino al fernet no la envilece necesariamente: es que la cotidianidad es tan decadente, vulgar, aburrida, que ella busca un escape, su dipsomanía es signo de lucidez más bien. (El personaje del marido, Gregorio, qué mal actor).

—Sin kerer kaer en una semiótica difusa, esotérika, oracular, cabalizante, de alambicar alrededor de situaciones nimias, casi insignificantes o secundarias, sin embargo es tan raro que las dos veces que surge en escena la secadora de pelo, su respectivos usuarios sean siempre hombres: el hijo para caer en una fiesta cumbiambera y el padre para tapar su beodez (¿¡)

—Hay mucho baño, afán de limpieza, zambullidas, duchas, pero eso ke se llama intimidad de un hogar petit bourgeois, nada; ni masturbación, menos aun sexo (y eso que más de la mitad de los personajes están en el apogeo de sus potencialidades hormonales, akí lo normal sería lo contrario, por lo menos una polución seminal deslizándose sin kerer). Me parece que la cámara mira las escenas como un niño o un púber pero no halla sexo en la realidad. Aquello de “El cine ve eso que el ojo no alcanza”, al decir de Ado Kyrou (Le surrealismo au cinéma, Ramsay Cinéma, 2005), no se da aká nunca, vemos lo que la mirada infanto-juvenil (infanto-puberil) ve y nada más, por más ke la directora niegue todo punto de vista de algún personaje -en especial en esta peli- según declaraciones a periodistas.

—La madre mestiza (interpretada por la Morán), la que deseaba escaparse a Bolivia con la Borges (son figuras conscientes del encierro a que la Realidad las somete: pero no la Realidad pre-2001, protoCorralito, desagüe sangriento del periodo de fiesta neoliberal, ese crack argentino por antonomasia, hito histórico de comienzos del nuevo siglo: no, es fuga de la eterna cotidianidad petit bourgeois en la que están enfangados todos los personajes; si hay terror, ella procede de lo cotidiano.

—Huir a Bolivia en forma burguesa, buscando ventajas económikas, apenas para readaptarse a la rutina: después de vacaciones, la escuela ya se viene. (“No está bien cómo estamos”, dice la Martel en una interviú publicada en Sin Cortes, revista argentina de cine, en mayo de 2001). Una calendarización -dentro de la no historia del espacio de los ritos familiares hundidos en una eternidad, una fijeza del tiempo absolutos- casi infanto-juvenil: vacaciones (Julio Verne tiene algún libro sobre el tópico, Ballantyne otro, dos novelas que “El señor de las moscas” utiliza para darle UN VIRAJE SINIESTRO AL GÉNERO JUVENIL DE LAS VACACIONES), escuela (miles de libros para niños hay sobre el tema, rescatemos “Marco”, versión parcial y televisiva de la exitosa serie novelesca decimonónica Corazón de D’Amicis)

—Virtudes, al fin explícitas, de La ciénaga: la fotografía. Tiene un no sé ke naturalista (los colgajos de piel fofa, fláccida, estriada, arrugada, las tetillas y vientres prominentes y afeminados de la vejez –sí, la pintura de Freud puede ser un modelo), aunque también cierta luminiscencia hiperreal (casi publicitaria, contribuye a tal impresión el hecho de que siempre están “actuando”, agitándose, saben que se los mira, sobreactúan hasta cotas histéricas –la Borges grita mucho- pero ya lo hemos destakado, se trata nada más de una histerización de los gestos influenciada por una realité chata, sosa, sin sustancia, alimentada con las poses anti-kamasutrístikas, en una anti-erótika del cuerpo rayana en el grotesque, donde una vez más se ve la mano ubicua e invisible de la TV).

—Me gusta mucho esta peli cuando el achinado mozalbete arremete en una coreografía torpe contra el “niño bien”, el hijo de la Borges, ese bien peinado gracias a la tecnología de punta cosmeticizante del hombre actual, entonces nos inunda levita -sólo hay- colores y músika tropical. El colorido de la escena y los rostros mestizos, achinados o quechuizantes, hacen que sin darnos cuenta estemos en pleno Oriente: vuelvan a mirar el maquillaje valle, cutre, cursi, recargado de bases, casi clownesko, totalmente blanco como el rostro de una geisha, de esa criada llamada Isabel, es casi tan blanco como la de Gong Li en una peli de Zhan Yimou (Esposas y concubinas, por ejemplo). Hermosa!

—En un mundo de mujeres (“como mis simpatías podría mencionar lo que yo considero como cine de terror, como algunas de Bergman, Polanski y David Lynch”, en interviú aparecido en Sin Cortes, revista argentina de cine, en mayo de 2001) -muy cercano a Bergman, pero Martel sería un Bergman sin psicología profunda sino una Bergman coreográfika-, tanto es así de contundente que cuando la gente que habita la city de La ciénaga harta de realidad cotidiana busca la evasión alucinada de una Virgen sobre un tanke de agua, evasión colectiva hallada en la epifanía de una figura femenina.

—Me gusta el comienzo, los créditos alternando con la escena de la piscina en ralentí, la cámara onirizada por litros de vino escanciados y vaciados uno tras otro de copas y botellas de vidrio, que dañarán el pecho de la Borges. Es un baile no de san Vito o carnavalesco lo que se filma allí entonces sino el baile en un barco en movimiento, el vaivén de un barco que es la cámara borracha. Ahí la perspectiva “ya” no es la de una niña, es la de un adulto borracho.

—Sí, efectivamente, hay una apología del ocio, del no trabajo, pero como -suponemos- fue en el paraíso- en el caso de la pareja paradisíaka par excellence de Adán y Eva, aká la familia se aburre, bosteza, se retuerce, se desnuda al calor ventoso de los ventiladores, no sabe cómo llevar sus horas banales.

—La muerte del niño al final de la peli no aporta nada: no importa el desenlace desde el momento que no hubo desarrollo de una historia ni planteo de ninguna intriga a resolver. La eternidad de la rutina seguirá. A lo más ke podemos alambicar un pokito, rizar el rizo es diciendo que el chico inconscientemente intentaba escapar, a su modo infantil, rebuscado, sinuoso, por los techos, no por la puerta cancel, huir de esa asfixia cotidiana. Rutina insuperable, pesimismo marteliano ante la opresión de lo cotidiano. Complacencia en esa ciénaga, pero el sustantivo tiende por traditio a ser peyorativo...

—De las tres adolescentes, la rubia con bucles retorcidos como piola, es la más bella pero siendo muy flaca, tiene piernas de pototita como Olivia la novia de Popeye, es por ke es muy joven, niña aún, la que coquetea con el hermano (José, creo se llama, ese es el problema de pelis con tantos personajes, cómo recordarlos a todos teniendo nombres tan comunes), la que no busca fuera del círculo endogámiko donde están enfangados como cerdos rutinarios, no desea lo Otro, lo exótico, si tuviera calentura, cogería sin korte con un familiar (“Yo nunca me acosté con ninguno de mis hermanos, pero porque hay demasiadas cosas en contra de eso, porque sino no sé, porque son tipos que conocés, que te caen simpáticos, los conocés de toda la vida, como conocés a sus padres que son tus padres no tenés ni siquiera que conocer a los suegros”, ¡palabras de la interviú a la directora Lucrecia publicada en Sin Cortes, revista argentina de cine, en mayo de 2001!). Pero el sexo es muy tímido, nunca aparece en la peli, no sabemos por qué, hay una desviación de lo sexual o se la mantiene en un tupper o campana de empanadas (salteñas), aislado, bajo una censura familiar. Cuando los púberes se bañan la cámara se sale del plano americano o del general hasta miniaturizarse en un primer plano moralista, anti-pedofíliko, arbitrariamente. Si somos casi de la familia -diría un canchero espectador frustrado- por qué no ver o mostrarnos las nalgas de una de las adolescentes. De hecho, todo el tiempo los hermanos de ambos sexos se entreveran en los espacios de la casa sin marcar distancias que normalmente se respetarían. Llevan como una vida conventillera, de chabola de Villa Miseria. Allí donde es norma que el hijo escuche durante las noches la cópula de la Madre Libidinosa con el Padre Cumplidor de su Mito de Potencia Infalible porke comparten la misma o únika habitación del tugurio.

—Para que no digan después los kurepas que soy un caso estereotipado de paraguayo anti-argentino, dictamino que el acento de los actores no me molestó para nada, creo que predominaba un acento neutro, actoral, o en todo caso se inmiscuía un retintín localista, del interior, salteño, muy saludable. Pero el sonido de la copia que me tokó en suerte ver en el auditorio del “Centro Cultural Jorge Luis Borges” de la embajada Argentina de Asunción (en su foyer o hall de entrada había un busto cuyo perfil no logré reconocer o en todo caso no remitía al del celebérrimo ciego de Ginebra) era pésima, tanto que me perdía frases enteras, los nombres de varios personajes, y saturaba mucho en las frases cortas y repentinas. ¡Pedíamos sotto voce replay! Pero al pedo, lo más flojo o insignificante de todo, desde mi modesta opinión, es el diálogo. No porke los diálogos hayan sido poko elaborados o carentes de vuelo literario. No, porque en el espíritu del filme y de la filmmaker Lucrecia Martel, una coreografa multicolor, lo esencial es el movimiento o desplazamiento de los cuerpos sobre los cuadrados de color.

—El silencio del mozalbete mestizo y de la criada de la casa-finca Isabel es otro dato revelador. No hablan porque actúan su destino correspondiente. La quinceañera -una de las hermanas, la de movimiento más torpe porke tiene un cuerpo desgarbado y exuberante para su edad- las observa en el bar cumbiambero cuando conversan sobre la decisión que tomarán después de la agresión al hijo de la casa en la fiesta de carnaval. Creo que esa es la perspectiva a lo largo de la peli: la mirada de una quinceañera.

—Lo rural del ambiente le ha dado frescura al cine argentino, alejarse de los escenarios habituales, de las calles archiconocidas y ultratransitadas por la TV, de esa robotización de los gestos que implika actuar en escenarios reiterativos, forever porteños o aporteñados.

—Elegir para la peli como escenario una finca hizo replantear todo el bagaje gestikulativo de los actores.

—Pregunta final, bombita de fin de partida: ¿si tus padres están todo el tiempo chupando por qué vos hijo suyo no empezás siendo ya como eres más ke púber un perfecto y apoteósiko adolescente, es decir, formando tu identidad propia, a imitarlos desaforadamente? No hay conato de escena en que los chicos roben o beban vino a escondidas. Ni sikiera el mayor que es José, el joven de nariz prominente y elegante. Allí hay un hueco, nos damos cuenta que se trata del fin de semana de una familia común, eso sí, con múltiples stygmata martir, pero eso no por deleziana herida estoica sino porke el bondage, el sadomasokismo, la torpeza físika, etc., son uno de los tantos agujeros que cava o practica lo Real sobre la superficie de nuestras instituciones burguesas, ductos por donde intentamos salir de esta cárcel de Realidad Tridimensional y entrar a la Realité Verdadera, a la Cuadrimensionalidad de la experiencia, esa otra parte o escena donde “intuimos” seremos nosotros mismos. En esa otra realidad habrá sexo, seguro, con condón o sin ella, con muñeka inflable o en soledad, pero habrá. La ciénaga es -además de idea afín a La caida platónika en un mundo degradado de las perfecciones ideales- la Realidad de un terreno acotado por trankeras y alambrados donde jugamos a la Libertad hasta aburrirnos como pingüinos en una heladera. Escapar es la orden inconsciente ya sea a Bolivia, con el novio mestizo, bebiendo, haciéndose daño físico, alucinando Vírgenes aguateras, pero ¡escapar de La Cienaga!, aunque sea muriendo en el intento por los techos de la ciudad, que es parte del encierro de la finca evidentemente.

—Jamás hay humor. En 1984 de Orwell hay más chistes que en el encierro cotidiano no distópico de La Ciénaga.

—Cineasta visual (Buñuel no es un cineasta visual por ejemplo, Kubrick sí: La naranja mecánika es la cara de Alexander de Large con su bombín y su ojo con pestaña postiza, y en Barry Lyndon cada plano es un cuadro casi: imágenes ke se fijan en la retina, producen un retintín prolongado en el inconsciente ke secreta los secretos abisales, las hormonas que iluminan las neuronas). Visualidad de ese cuño es la de Martel (sus imágens kedan, se apropian de nuestro inconsciente), claro no hablamos akí de esa visualidad de la superficialidad, visualidad más bien propia de la publicitad, de cineastas como Alan Parker y Tony Scott.

http://kurupi.blogspot.com/2008/03/notas-al-pasar-sobre-la-cinaga-de.html

lunes, junio 27, 2005

Weekend neoliberal (Hoy odio todo lo que se mueve)

A veces Asunción adquiere ese ritmo asociado con los tiempos finales, onda Hesíodo, onda ciclos temporales indios, como en este último fin de semana, definible como neoliberal por aquello del consumismo y la huida hacia adelante. Fue imposible cumplir con toda la agenda prescrita: Charlas de café, Feria del libro no shopping (donde prometimos a Susy pasar para ponernos al día con Takuapú), presentación de Sermo del person Morales, etc. Al final caímos por lo de Manolo y Denise, Pernod y whiskey se mientras hervían las pastas junto al vapor de Mc Coy Tyner y un grupito que hacía covers de “After midnight” de la señora Patsy Cline. Velada burguesa italianizante, de gente culta y sensata. Pos-cena, la tele de 14 pulgadas se equilibra sobre una doble base de mesa de velador de dormitorio y puf muelle de lanilla. La peli, La habitación del hijo, del signore Moretti, rodando en su sistema PAL-N del VHS clasicote. Ya habíamos oído hablar de otra peli de Nanni, Caro diario, que tenía por banda sonora la música de Keith Jarrett. La perspectiva hermenéutica de la peli, hay que aclararlo, estaba bastante distorsionada: cannabis sativa mezclada con tabaco, helado con Pernod (el señor Pernod se jacta, en la etiqueta legitimadora de la botella, de usar sólo anís estrellado y de que gentes finas y melancólicas, como Jean Rhys, hayan sido grandes consumidoras de su licor belle époque), cine encogido a 14 pulgadas en una caja boba, amenaza de lluvia en el quincho… Moretti en su papel de psicoanalista distanciado y sereno y su clientela disparatada recuerdan en algo los climas neuróticos urbanos de Woody Allen. La esposa, de una belleza replegada y sin grandes estridencias, la hija, de ropa holgada y algo neurótica, y, por fin, el figlio, relegado en los primeros 30 minutos al recuerdo del título de la peli, nada más. La cotidianidad es el tema, y las rutinas que recorre incansable, inmune a los cataclismos, inexpugnable a las bromas de la naturaleza. La muerte es un trámite que se sortea con trabajo, con deportes, con más rutina. Pero los caminos de la neurosis habitan estratos más profundos que los del grund ficticio de la sociedad y sus certezas cíclicas. Sucumbir al dolor, ser minados por la desesperación que se insinúa antediluviana en la dureza de un fósil, acaso el mismo que robara el chiquillo antes de que la muerte lo convirtiera en protagonista principal de su familia y de la peli (protagonismo del ausente: así podría ser definido este nuevo tipo de heroicidad. Como la del protagonismo de las espaldas en Sartre). La crítica de Moretti a la cotidianidad autosatisfecha y luminosa se centra en la descartabilidad esencial de los individuos. El hijo sólo empieza a existir post mortem. Se vuelve un ente misterioso, saturado de enigmas y de belleza perdida. La pérdida restituye lo que la rutina ha desleído con un trabajo de zapa y lavado cerebral, reduciéndolo a un mecanismo reiterativo y nulo. ¿Dónde reside la falla que lleva a amar lo perdido y, aparentemente, a desdeñar lo real y vital? El toque oriental guiña su sabiduría ya al comienzo mismo, cuando, camino al consultorio –refugio de neuróticos y rimbombantes enfermos psíquicos que la resaca de la luz cotidiana aglomera en él–, Nanni se cruza con una panda de mocosos volados por el mantra del “Hare, Hare Krishna…” Aprendizaje del dolor, aprendizaje de lo real. Llorar es un patrimonio de alto precio. Sólo lo logran los que han jurado lealtad a la Hermandad del Sufrimiento. Minada la familia, consciente de la traición que les ha propinado la rutina monótona y deportiva, la decisión es dura: abandonar el juego ilusorio de vivir sobre la cinta sin fin de la gimnasia adormecedora de la cotidianidad. La muerte corporiza la sustancia del hijo, rara paradoja. Dejar todo y entregarse a la deriva pos-existencialista del azar devuelve su cara sonriente a la rueda de la fortuna. El médium, la hasta ahora secreta novia del hijo muerto. El milagro se opera cuando la hipnosis nazicapitalista revela sus entrañas siniestras. La noviecilla adolescente aparece cual epifanía sagrada sobre la plataforma pragmática de lo profano. Su carta póstuma revela más del hijo que todas las rutinas transcurridas en torno a los innumerables desayunos familiares o los trotes dominicales junto al padre. Las fotos enviadas a la novia explican al fin el título del filme. La interioridad de la habitación del hijo en fotos de la intimidad de lo humano aovillado. Las posturas de seducción a distancia, imago mundi erótico de un epistolario lanzado en el mar de los afectos confusos de la amistad púber, cargan lo bufo de la realidad. El cuerpo busca afanoso la risa del otro. La seducción es la complicidad de la risa. La serenidad, en cambio, es la estrategia de la rutina. Reír es vivir, apotegma morettiano. La risa en la peli está representada a través de la música. En este caso es Brian Eno soltando los versos de By the river sobre dos teclados afinados en dos niveles tímbricos que acogotan de tristeza al publico alucinado. Raro, ¿no? La tristeza infinita que nosotros asociamos con Piano Magic hoy en día ya tenía a Eno como su precursor setentista. Es el reflujo de la vida golpeando los fantasmas que tapaban el mundo verdadero a nuestros ojos secos de dolor y lágrimas. La vida vuelve como parodia klosovskiana de la seriedad del mundo. Vendrá y tendrá la luz de tu rostro, podemos parafrasear a Pavese, y entonces ya estamos en Moretti. El poema a los dedos del pie de mister Carver, que lee Moretti antes de dormir, era ya un recodo a explorar antes de la caída, de la muerte del hijo. El otro, el que decide el filme, amar al hijo, los restos de la sustancia del hijo, por intermedio de la novia secreta. Las fronteras de Francia indican que las fronteras son nuestra verdadera patria. Echemos las aduanas que represan las lágrimas, las que censuran la risa. Tomemos el coche hasta la frontera última de la rutina y crucemos al otro lado, cuidemos la belleza de la niña que ha comprendido la vida. ¿Por qué ríes?, dice la familia un minuto antes de comprender que han vuelto a la vida irremisiblemente, movimiento que ha sido tan sutil y contundente como el inverso de su abandono. Reímos, hemos vuelto a vivir, ¿no te das cuenta, espectador distorsionado de sábado a la noche, en esta Asunción que imita, cool y sofisticada, la rutina vertiginosa del neoliberalismo que oculta, maquiavélico, sus catástrofes? Tres mil guaraníes invertidos en el alquiler de un VHS ya anacrónico nos han empujado a escribir estas líneas.

http://kurupi.blogspot.com/2005/06/weekend-neoliberal-hoy-odio-todo-lo.html

martes, agosto 18, 2009

El analfabeto esclaviza al culto en Evelyn Waugh y "EL lector"

El analfabeto ke sojuzga al culto

Bernhard Schlink en su El lector, anagrama , 2000, cuenta la historia de un chico sojuzgado por el sexy sadismo de una mujer, antigua nazi. Ella entre cópula y cópula, la obliga coketamente a ke le lea alguno de los libros de la secundaria ke ha dejado, primero, por una afección invernal, y depois por su enamoramiento, su sucumbiendo ante la fuerza ciega ke emana de la mujer. En la peli The reader, ke le valió el oscar a la Kate Winslet, nos regodeamos con inesperadas escenas erótikas pedofílikas, hoy cuando se persigue a los afectados por tal aberración, mientras Chéjov y Homero son leídos en voz alta en una peli multipremiada y una novela ultratraducida… Evelyn Waugh, en una de sus novelas más amargas, torturantes (tan lejos de su habitual humor desopilante y sano -mais allá de sus prescriptitas satíriko-moralistas- de sus crónicas de la decadente clase alta inglesa de comienzos del siglo xx) titulada Un puñado de polvo, emecé, baires, 1957, Tony termina su linajuda vida absurdamente en el Amazonas sojuzgado por un loco de la selva (en la línea de Traven, pero de derecha en el caso de Waugh) también enkantado de ke le lean libros a su oído analfabeto. En este caso los vislumbres de humor siniestro del ídolo de otro escritor cruel, Anthony Burgués -declarado lector exhaustivo de Waugh- convierte al analfabeto en un obseso oidor de las obras completas de Dickens, un especialista de Dickens, pero ke necesita la cultura de un lector para esclavizarlo a su afición “literaria”. El analfabeto ke ejerce su fuerza amenazadora sobre el vulnerable hombre culto en estoas dos obras tiene un parentesco de cuño derechista, conservadora, de miedo irracional ante el Otro, pero de todos modos nos empuja a rever nuestras lecturas predilectas sobre el tópiko, verbigracia, la del apologeta del analfabeto, el rumano Emil Cioran, ke en la apuesta imaginaria entre el escéptiko hombre culto del mundo occidental y el analfabeto (tercermundista, europeo del este, etc?) se jugó paskalianamente por el ethos de este último.

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miércoles, marzo 25, 2009

Cine-sublimación


Perro de tugurio kiere ser millonario (Slumdog millonaire)


Cuando me senté a mirar mi versión dvd callejera de la peli anglo-indio oscarizada olvidé todo el architexto de pelis con niños de la calle: ni Los olvidados de Buñuel, ni Mamma Roma de Pasolini, ni Pixote de Babenco importan acá. Mumbay (la ex Bombay, esa city que es pura bomba de niños callejeros mendicantes) o Juhu son tan populosas como la México de los 50 o favelizadas como el Rio de los 80, tan no future como el añaretaí de una city europea de los 70, pero…el tema no es la niñez abandonada de la mano (invisible) de dios (de la rama) capitalista Esto es puro Daniel Boyle, dire de Trainspotting, el tema es kién se keda con el dinero en un mundo plagado de cínicos timadores, y su touch estilístico: lo escatológico (ver y cotejar las letrinas bajo cielo abierto de Mumbay y los bathroom de Edimburgo) mais ke lo indigente. Jamal es el héroe “bueno”, desgarbado y vairo (por lo menos en su tercer avatar juvenil) pero honesto ke se keda con la linda, en premio de su decisión en tomar el buen camino. Samil, el “malo”, pintón y vivaracho, pero metido por el camino yavorai así ke se keda sin yiyi y la mosca. Castígote por tu insensatez no neoliberal! Esto es insoportable: los héroes en la burda vida real –burla sangrienta ke no es la favela hindú- o se kedan al final con la yiyi o la mosca: jamás con las dos opciones del cuerno positivo, es estructuralmente falso, vladimir proppianamente sofístiko, escamoteo más ke obra de Bollywood de los imperativos ultracaprichosos de Hollywood. Hay ke tapar tanta mierda de pobreza con un close-up oscular y una lluvia de arroz-moneda. El cuerno de la abundancia chorrea su fluido monetario sobre las miserias del tercer mundo en ascenso. Otra objeción, esta vez no poétika, sino moral: lo que importa todo el tiempo en la peli es aprender una sabiduría posmo: ke la guita de la diosa fortuna debe ser aprehendida para salir a flote de ese inframundo amasado de mierda donde –a mí qué--seguirán hundidos más de 19 millones de mumbayanos! Antes de finikitar: esta peli es el comienzo de un futuro de la cinematografía: actores tercermundista en ascenso con guión sensato, razonable europeo. Belleza de los cuerpos colonizados ainda (como en el cínico ironista Houellebecq) por las sosas luces primermundistas. Pornografía de otro nivel: sentimentalismo rentable y baratelli.

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jueves, abril 19, 2007

Lo sabe Szabó

Estaba buscando esa peli fantástika llamada "Sunshine" (1999), de lejos lo mejor ke ha hecho en su puta vida Ralf Finnes, del director húngaro Istvan Szabó. Pero nada, no hay al parecer fanáticos de esa peli, de más de 3 horas de duración. Finnes interpreta a 3 generaciones de una familia judía de la época de la extinta Kakania (Reino imperial Austro-Húngaro).Creo que el final es el único punto débil, sospecho alguna manipulación de impaciencia censora final de los paranoicos productores yankees. Bueno, les dejo con una peli de 1981, echa en Alemania, basada en la novela de uno de los del clan Mann, Klaus. "Mephisto", se trata de un mefisto bastante moderno. Un Mefisto comprando a un actor con su paga nazi su corazón ambicioso. Volviendo a "Sunshine", lo que me interesaría compartir con vocés es la fascinanción de esa escena en la que Szabó cita, homenajea, a una escultura clásica donde se ve a un efebo sacándose un espina de la planta del pie.Aparentemente esta obra se halla bien guardada en algún museo de Alemania, no conozco al autor ni sikiera su nombre. Plis, ayuda.Alcanza ese nivel donde el arte exhibe la sonrisa de su ilusión metafísica, como en "La encajera" de Vermeer. El motivo de la obra es lo que no se ve, la espina, en la escultura innominada griega, la aguja, en la pintura del holandès. La Representación autoabortandose, suicidàndose, alcanza la cima de su genio!!!

· Szab
Y akà:

· Filmes

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