miércoles, 3 de abril de 2013

Arde yiyi

Mujer Yrupé


Mujer yrupé

Araka’eve ndahechái su epifaníami. Pero aikuaaporächupe. Añandu iporäiteha, de una belleza ndembokyry’imbava, tostada x la vigilia, amasada con el torno de tatachinas y neikenas. Ni la tele ni las revistas, o la publicidad, ndopokoihese. Oiko bajo el claroscuro de mi mano, pe opay ha opopohape la vidaroky. Iñe’ë es black como el hálito del café. Su piel hyakuävu pan pyahuicha. De todos modos, ela ndacheraihui. La Titillatio spinoziano, cosquillas en el titi, no tiene cuando me ve. Se ha fractalizado en el espacio che confundihaguä y probar hasta un grado sádico che itembiguáiha. A veces, atopachupe kilombope ofreciéndome ysakä; otras, peteí mitakuñäi resa ybotype, de altísimo silencio, en plena calle, araitepe. Su seno opupu de tatarendy ha orrevosapava ja’ehaguähese po peteípeguaranteha, ni mano santa ramo pea. Ijapysa ohendupaite oivagüive historia humana hasy oñembotavyve haguá chupe con cualquier ñë’ërei. Ijuru ha’ete  lágrima ochororova de un corazón saraki. Ha imembyryru, su útero ha fundido mi cuerpo a golpes de humedad y aislamiento. Oipysokuri el hakembó de mia alma en su equilibrio-charlot. Aikuaachupe pukaicha, de una forma intempestiva y total. Mais ella no mora dentro de mí, sino al contrario, che añua ha che mo’ä, discreta y visceralmente, como lo hace el color o la música. Pero cheko aiko hiari ymaitegüive, grudado a su superficie como un hongo, akambu ha aipyte pe i jugo monoteísta, borracho de tachaga’ú, te’önguerei de tanta vida.

Mujer Yrupe (Victoria Regia) from Cerdos y Margaritas on Vimeo.

martes, 2 de abril de 2013

ysipo


la calle passy 061, de Chile con amor, presenta a Ysypo-paraguay-rembo de Cristino- Bogado


Los Chongos De Roa Bastos en la TV Pública

Los chongos en la terraza

Memorias del Tío Jess: Jesús Franco


 Para mí también, la bella gata era inalcanzable. Dicen que el cine es -o era, más bien- una fábrica de sueños. Es una frase primitiva, como un eslogan de la Paramount. Después de muchos años de vida, de Días de vino y rosas, pasados en­tre Los gozos y las sombras, he llegado a la conclusión de que el cine es una fábrica de sueños. Yo siempre amé a Gilda -Rita Hayworth-, a Sherezade -María Montez-, y a Ingrid Berg­man y Judy Garland. Pero yo no era Glenn Ford, ni Bogart, ni siquieraJohn Hall. Ellos, ahora, están muertos pero -¡oh, magia!- ellas siguen ahí. Sólo tengo que apretar un botón y están ahí de nuevo, tan bellas y seductoras como la prime­ra vez. En aquellos tiempos del cuplé, yo intenté separar lo espiritual de lo carnal: enamoraría a unas jovencitas vascas pa­ra ir con ellas de la mano o bailar Dancing in the dark en La Concha, al atardecer, y a unas cachondas tropicales para fo­llar como un loco. Lo intenté todo, con pobrísimos resultados. Y me negaba a aceptar la realidad, a dejarme comprar, por una eyaculación. Además eso de eyacular no me parecía a del otro jueves. Unos segundos, jaaaaah!, y basta; como los santones en la India, que se mas turban en plena calle Benarés, por ejemplo, para que la llamada de la carne les aparte el menor tiempo posible de la meditación. Nunca me ha gustado ese sistema. En el fondo es de un machismo odioso. Para esos tíos lo importante del acto es su propia satisfacción. Para mí, lo más importante ha sido siempre la mujer, no mi pene, en reposo o en erección, tanto da. Nunca he querido dominar y siempre fui outsider en esto, como en otras tantas cosas. Un tío en erección ofrece un aspecto lamentable, o bien nos lo enseñó Rodin con sus estatuas de Balzac. Yo prefería pasarme los días enteros cachondo perdido. Hasta que una noche, soñando con Ella Raines -acababa de ver La desconocida-, eyaculé como un bestia y me desperté inundado de esperma. Me aterré. Pensé que «aquello» era pus, que yo estaba enfermísimo. Por esa razón se lo dije, horas después, a mi madre. Había oído hablar de «las purgaciones», me creía sifilítico, blenorrágico o yo qué sé. Su sonrisa me tranquilizó, que no sus enigmáticas palabras:
-Hijo, esto pasa en la vida.
-¿Pero qué es?
-Es lo que es, pero no te preocupes.
-¿Y me va a pasar más veces?
-Espero que sí, mi niño.